A sus ocho años de edad quedó maravillado con la figura del Fürer, que había visitado su escuela.
En su inocencia, no comprendía que la tolerancia a su presencia , junto a niños "arios", se debía a que era nieto del cónsul de Liberia en Alemania, por lo que su familia poseía inmunidad.
Después de conocer al líder nazi, comenzó a insistir con integrar las juventudes hitlerianas, algo que se le negó rotundamente. Su fascinación por el partido nazi fue tal, que pidió que se le borde la esvástica en uno de sus jerséis, como se aprecia en la fotógrafia que encabeza este post.
Todo cambió para el joven Hans-Jürgen Massaquoi en 1936, durante las olimpiadas de Berlín.
Jesse Owens, atleta estadounidense de raza negra, obtuvo cuatro medallas de oro y esto provocó un abierto rechazo a los negros en la sociedad alemana xenófoba de aquella época.
| Jesse Owens en el podio, saludando tras recibir una medalla. Berlín, 1936 |
Su familia paterna huyó de Alemania, pero el protagonista de este post permaneció en el país nazi junto a su abuelo. Como ya no vivía en el consulado, su existencia se volvió mas precaria.
A pesar de ello, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial y con quince años recién cumplidos el joven Hans-Jürgen Massaquoi quiso alistarse en el ejército y servir a su país; Fue rechazado por el color de su piel.
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| Hans-Jürgen Massaquoi de adulto |
Finalmente, se radicó en Estados Unidos, donde se transformó en periodista. Hasta el día de su muerte, renegó de su pasado. Nunca pudo superar la vergüenza de ser recordado como el niño negro que quiso ser nazi.
Autor: Arian Hacklender


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