La Iglesia
católica venera a sus santos como ejemplos a seguir, hombres y mujeres que han conseguido la beatificación por haber vivido vidas ejemplares, pero hay algunos santos bastantes particulares, algunos parecían tener super poderes.
Éste es un ránking de los más curiosos:
San José de Cupertino: El Santo volador
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| Representación de San José flotando por el pueblo |
Incapaz de aprender o memorizar, San José se convirtió en cura por un milagro, sólo sabia explicar un solo pasaje del nuevo testamento y el dia de su prueba, de todo el testamento, le tocó justo ese.
Su fe era tal que en plena misa entraba en
éxtasis y
levitaba, lo que hacía entrar en
pánico a los
concurrentes.
Tuvieron que excluirle de su cargo en el coro porque
se ponía a flotar e interrumpía los cantos.
A medida que pasaba el tiempo el pobre San José ya no podía controlarse, se ponía a
flotar con tan solo escuchar nombrar a
Cristo.
Debido a lo que generaba, no hubo más remedio que mantenerlo encerrado para que no anduviera volando por el pueblo o por la inglesia.
Debido a esto, se le considera patrón de los pasajeros de avión, pilotos y astronautas.
San Pío de Pietrelcina: El Santo de los estigmas y la Bilocación
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| Imagen de San Pío |
San Pío era un
sacerdote católico, tenia
estigmas en sus manos y en el costado, como la
herida de lanza de Cristo y curaba a las personas milagrosamente, además de que podía estar en dos lugares a la vez.
Tenía varios
poderes en su haber:
-
Discernimiento extraordinario: Era capaz de leer las conciencias
-
Curación: Curaba enfermos a través de la oración
-
Perfume: En su presencia, se percibía olor a flores en el ambiente
-
Bilocación: Estar en dos lugares al mismo tiempo. En una oportunidad estuvo dando misa y testigos aseguran que a la vez estuvo en el funeral de un amigo a kilómetros de distancia.
-Después de su
muerte su
cuerpo no se deterioró y permanece
incorrupto hasta el dia de hoy. Está expuesto a pública veneración desde el año
2008.
San Simeón El loco
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| San Simeón haciendo lo que parece una mortal hacia adelante mientras lleva atado el cadaver de un perro |
Este santo hacía honor a su apodo, estaba
loco como una cabra: corría por el pueblo llevando atado a su cuerpo el
cadáver de un perro, se
desnudaba delante de las vecinas, lanzaba nueces a las velas de la iglesia para apagarlas y dejaba
bizcas a las chicas lindas del pueblo para que no fueran tan atractivas. Se le considera patrón de los
titiriteros porque contaba historias moralizantes con
muñecos.
Santa Lucía de Siracusa: La santa sin ojos
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| Santa Lucia sostiene un plato donde yacen sus ojos |
La
imágen de Santa Lucía puede resultar algo
tétrica, se la representa sosteniendo un
plato donde yacen
sus ojos.
Es una
mártir que padeció
tortura durante la
persecución de Diocleciano.
Hija de padres nobles y ricos, fue criada como cristiana. Consagró su vida a Dios y decidió realizar un voto de virginidad.
Perdió a su padre de joven y su madre queria obligarle a casarse con un joven pagano, al convencer a su madre para no hacerlo, el joven pretendiente se enojó y la denunció por ser cristiana, fue llevada ante el
procónsul Pascasio, quien ordenó
atarla y llevarla a un prostíbulo para que sea violada tras ella negarse a realizar sacrificios a los Dioses. Aunque los guardias intentaron llevarla,
no podian moverla, pues estaba dura como una
roca en el lugar donde yacía de pie.
Fue
torturada y asesinada.
Es
patrona de la
vista, los
ciegos, los
pobres y los oftalmólogos. En
Siracusa se la venera como patrona y se le atribuye haber salvado la ciudad en varias oportunidades a lo largo de la historia.
San Dionisio de París: El Santo sin cabeza
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| San Dionisio aparece representado sosteniendo su cabeza |
Fue el primer
obispo de París,
martirizado en un periodo anterior a la persecución de Diocleciano.
Predicaba cuando fue apresado e intentaron ejecutarlo, le
cortaron la cabeza. Fue una gran sorpresa para sus verdugos ver que
no murió, tomó su cabeza decapitada y continuó predicando; tal habrá sido el susto de éstos tipos que lo dejaron ir.
caminó seis kilómetros con su cabeza bajo el brazo mientras continuaba predicando, atravesando
Montmartre, por el camino que, más tarde, sería conocido como
calle de los Mártires. Al término de su trayecto, entregó su cabeza a una piadosa mujer descendiente de la nobleza romana, llamada Casulla, y después se desplomó.
Autor: Arian Hacklender