martes, 27 de agosto de 2019

Incidente Draguignan: Terroríficos humanoides en la montaña Le Malmont

Este hecho nos remonta a finales de la decada del 70.
Una pareja, compuesta  por el joven Gabriel Demogue y su novia Carmen, ambos oriundos de Draguignan viajaban con destino a la montaña Le Malmont, para estar a solas en lo que sería una cita romántica.
Durante el viaje, la chica divisa una luz rojiza en el cielo, que parece estar siguiendo a la motocicleta en la que viajan, con destino a la montaña.
La joven pareja se encuentra a más de un kilómetro de la cumbre. Se detienen y observan el objeto, que ahora se mueve lentamente de oeste a este a poca altura y aparentemente no muy lejos de ellos, tal vez unos 500 o 600 metros, como ellos estiman. El tamaño aparente de la bola central es comparable al tamaño de un melón. Parece estar volando sobre la cara sur del Malmont y luego desaparece más allá de la cresta, dejando tras de sí un resplandor rojo que es visible a través de los árboles. En este punto, Carmen se asusta y le insite al novio para regresar al pueblo. Finalmente se marchan. Tras dejar a su novia en casa, Gabriel se encuentra con un amigo y le cuenta lo sucedido. Éste último resulta ser parte de un grupo de aficionados a la ufología, conocido como "Luces en la Noche".
Rápidamente organiza una "expedición" al lugar junto a otros muchachos.
El grupo viaja a toda prisa con rumbo a la cima de la montaña en dos vehículos. Un Fiat 128 manejado por Georges Macret, tiene a Christian Bensa como pasajero y un R8 conducido por Alain Leca, siendo su pasajero un chico que prefirió mantener su nombre en el anonimato.
Al llegar, posicionan los automóviles de manera tal que les sea fácil escapar del lugar y se acercan a la mesa y los bancos del camping que yacen en la cima, allí se quedan.
De repente, una luz blanca hace su aparición y con esta un sonido indescriptible (similar a la interferencia de las radios) que hace eco en todo el lugar, acompañado de lo que parece un sonido en clave morse que proviene por sobre los árboles.
La temperatura circundante empieza a aumentar drásticamente, a tal punto que uno de los jóvenes siente como la mesa toma temperatura, como si literalmente "hirviera".
Luego ven una luz roja debajo del brillo blanco de la cima. Esta luz roja comienza a descender por la pista pedregosa que baja desde la cima hasta la mesa panorámica, y se oye como si alguien o algo de gran porte viniera caminando por el sendero.
La silueta de un gran ser comienza a ser visible.
Georges Macret, Christian Bensa y el tercer joven se cubren detrás de una pared baja que baja de la mesa panorámica, y Alain Leca se acuesta a todo lo largo en uno de los bancos colocados alrededor de la mesa.
La figura humanoide se detiene a unos 20 metros de distancia, cerca del automovil R8 y parece estar recogiendo algo del suelo.
La luz roja que acompaña al ser a la altura de torso se apaga, y junto a esto cesa el sonido estridente. Todo queda en silencio y oscuridad. El miedo se apodera de los jóvenes, y en la oscuridad pueden oir el crujido de las ramas, como si ese gran humanoide anduviera escabullendose por el lugar, acechandoles. De repente, el R8 empieza a sacudirse con violencia.



Georges Macret y Christian Bensa corren al Fiat 128 habiendo acordado de antemano que si el motor se niega a arrancar se esconderán detrás de los arbustos en el barranco.
El muchacho "anónimo" corre hacia el R8 y está a punto de abrir la puerta cuando un poderoso rayo de luz blanca y cegadora llega desde la cima de la colina y los ilumina. Se lanzan al suelo junto con Leca, hasta que todo se oscurece de nuevo unos instantes después. Luego se meten en el coche, pero no arranca. Sin embargo, como está estacionado colina abajo, un empujón es suficiente para ponerlo en marcha, y el motor arranca. En cuanto a Georges Macret y Bensa, ya se han marchado, el motor de su Fiat arranca normalmente.
Es aquí  cuando Alain Leca es dominado por su curiosidad, avanza unos metros pero se detiene para observar hacia atrás. Entonces distingue la silueta del ser, seguido de una segunda y una tercera sombra. Ahora los extraños visitantes son tres.
Parecen avanzar hacia el auto, con un torpe moviento casi mecánico. Leca acelera unos metros más y vuelve a detenerse, los seres cesan la persecución y yacen parados en su lugar. Es aquí que el joven retrocede, en un acto de valentía impulsado por su curiosidad, hasta quedar a mas o menos unos cinco metros de una de estas figuras. Saca casi la mitad del cuerpo del automóvil y a viva voz les pregunta: ¿Ustedes son buenos o son malos?.
El humanoide, tras la interrogante, vira hacia sus compañeros y parece hablarles, en lo que ambos testigos describen como un indescriptible sonido o pitido extraño. Los seres "hablan" entre sí y se encaminan hacia el R8 con mayor velocidad que antes.
Por lo que los jóvenes aceleran nuevamente. Después de hacer unos metros y comprobar que los humanoides ya no le seguian, vuleven a dar la vuelta y se dirigen hacia la meza de camping nuevamente.
Las figuras han desaparecido junto a la extraña luz. Leca sale del vehículo y observa que ya no hay nada, en este punto siente miedo, pues parece que los seres están escondidos para emboscarle o al menos eso presiente.
Para alivio de su compañero, decide huir, el joven anónimo había estado aterrado durante toda esta secuencia. Al punto tal que había sujetado a Alain de su chaqueta varias veces mientras éste intentaba interactuar con aquellos "visitantes".
La descripción de los seres es bastante extraña, median al rededor de 3  metros de altura y parecían tener un traje rojo luminicente, como si el color se lo diera una luz en el interior del traje. Tenian puesto una especie de casco con dos "ojos" o reflectores rectangulares y un tercer humanoide tenía lo que parecía una "manguera" a la altura de la boca, similar a las de las máscaras anti-gas pero no tenía orificios a la altura de los ojos. Parecían mecánicos en sus movinentos.


Otro extraño aspecto de este hecho lo protagonizaron los muchachos que habían huido con el fiat 128. Mientras descendían por la montaña se cruzaron con un par de piernas rojas fosforescente que cruzaban el sendero, sin torso ni brazos, solo aquel par de piernas que deambulaban. Por poco sufren un accidente por esquivar tan grotesca aparición.
El auto sufrió desperfectos, como si esas dos piernas rojas le afectaran, hasta que Macret puedo volver a controlarlo.
Hizo unos metros y se detuvo pensando que Leca le seguia, pero el terror era tal que, junto a su acompañante, decidieron huir.
Para sorpresa de ambos, a unos kilómetros volvieron a cruzarse con el par de piernas rojas. Al llegar a la ruta  principal, el auto volvió a fallar. Como si una fuerza inexplicable le controlara. El Vehículo quedó en ángulo recto a la carretera y volvió a incorporarse a ésta sin que el conductor hiciera tal maniobra. Finalmente pudieron huir de la escena, ambos grupos de jóvenes.
Una hora o dos más tarde, Alain Leca vuelve de Draguignan, solo. Esta vez no ve nada, y el brillo blanco también ha desaparecido. Un curioso olor a barniz de cinta aislante quemado se percibe en el aire.
Este es, sin duda, uno de los casos más interesantes de la casuística Ufologica

Autor: Arian Hacklender

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